Gigantes y cabezudos

No puedo volver al ayer, porque ya soy una persona diferente – Lewis Carroll |

Seguro que José Luis Moreno no ha leído a Lewis Carroll. Quién sabe si conoce siquiera su existencia. Pero perdonémosle, pues afanado toda su vida en crear marionetas de trapo y magia, bien podría habérsele pasado por alto eso de chapotear sobre un texto de calidad. Fue Moreno un creador y alimentador de sueños, desarrollando así el propio. Claro que el sueño de Moreno se expandió como el universo, ansioso de explorar nuevas fronteras. Básicamente la de una cuenta corriente para nada corriente. Amasando una fortuna propia de aquéllos que están dispuestos a comerse sus escrúpulos acompañados de una cara botella de Chianti.

Ahora José Luis Moreno no se dedica a crear sueños, sino pesadillas. Un espíritu que cayó en desgracia que pierde su aura cuando el espectador deja de ser un niño. El problema es que dejar de ver dibujos animados, poder votar o peinar canas no te exime de seguir siendo un infante. Ayer se emitió en TVE, un canal camino a la entropía, la última obra maestra de este ventrílocuo de las moscas: Sábado Sensacional. Rick Grimes hubiera sacado su revólver y le hubiera volado la tapa de los sesos al carrusel de zombis que pululaban por la pantalla si hubiera tenido ocasión. La desvergüenza hecha programa de televisión, todo un insulto a la inteligencia, ha llegado para quedarse y, de paso, dinamitar la concepción que tienen algunos ilusos en torno a la idea de que el criterio patrio es excelso.

Moreno sigue sosteniendo los cordajes de las marionetas, aunque esta vez convertidas en millones de espectadores absortos ante sus caras telepantallas de marca. Porque España siempre ha sido un sitio donde el más tonto te hacía un reloj que encima daba bien la hora. Un nada desdeñable 12,5% de share consiguió este carrusel de gigantes y cabezudos de la España más rancia. Esa cuyo imaginario cultural se difumina entre batas de cola de la Pantoja y costillares al sol de Ana Obregón. Al abordaje indiscriminado de referencias sexuales varias y gratuitas, chistes malos y bochornosas actuaciones en playback discurrió el Sábado Sensacional.

La maruja tipo y los millones de Pacos de bar seguro que se congratulan ante la vuelta de esta aberración televisiva. El momento cumbre fue la performance conjunta de La Pantoja y su hijo guapo, Kiko Rivera, momento en el que descubres que al final han conseguido sacarte una carcajada, producto de la vergüenza ajena. “No puedo volver al ayer”, decía Carroll, “porque ya soy una persona diferente”. Es una lástima que España sea, en esencia, la misma. Un país donde el más tonto te hace un reloj pero que cada vez da la hora peor. Pero tranquilos, hay lugar a la esperanza. Las nuevas generaciones de españoles vienen pisando fuerte. El liderazgo de audiencia de Mujeres y Hombres y Viceversa lo atestigua.

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