Vigorexia y pecado en el Paraíso

Me topo con esta obra de Miguel Ángel y automáticamente viene a mi mente la ópera Lakmé de Léo Delibes. Y escuchando la música me sobrevienen los pensamientos. El primero de ellos, el total desprecio del artista por el cuerpo femenino. Una macedonia de vigorexia animal y sublimes trazos que deleitan los paladares más bizarros versados en la honda cultura pictórica de lo que es un absurdo monumental. Empezando por los desarrollados músculos dorsales de Eva, pasando por el inexplicable bronceado de Adán y terminando por la contemplación de un hecho asombroso: el Diablo tiene tetas, ergo si bien para la Iglesia el pecado reside en lo femenino, para Miguel Ángel es el mal mismo.

Continúo sumido en el deleite musical de Delibes y reparo en la total ausencia de vello púbico en los primeros amantes del mundo, si es que el Paraíso pertenece a este universo. Sorprende que conocieran el concepto de depilación, pero aún más que Eva, apasionada del levantamiento de rocas en sus ratos libres, se viese más atraída por una manzana que por el pene de Adán en lo que se entiende, según se mira la estampa, como un acto de felación interrumpido. A juzgar por la excitación del falo, un agradecido Adán celebra la llegada del diablo -o diabla según sus senos- tendiéndole la mano a modo de bienvenida. Una prueba irrefutable de que Adán era heterosexual, por su actitud con respecto a Eva, y endiabladamente promiscuo.

La escena culmina magistralmente con el advenimiento de un ángel envuelto en sedas rojas atizando a Adán en la cabeza con lo que pareciesen unas tenazas de mover cisco, mientras el pecador, apesadumbrado, sorprendido y con la picha hecha un lío -literalmente-, es expulsado del Edén junto a su compañera. El porqué de la representación de ombligos en Adán y Eva es irrelevante para mí. La verdadera cuestión que subyace a la agresión del ángel es: ¿por qué demonios querría Dios una humanidad desnuda si entre sus ángeles, e incluso en él mismo -como así lo entendió Miguel Ángel en “La creación de Adán“- ya existía el pudor a la ausencia de ropa? La melodía termina. Dejo de preguntarme estupideces.

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