Una crítica al humor mediocre

España es un país de payasos, eso está meridianamente claro a estas alturas. Algunas gentes tienen más gracia que otras, algo que irremediablemente va asociado a ciertas latitudes peninsulares como la interminable máquina de humor llano -a veces casposo- que es Andalucía, y  Cádiz en particular, o el refinado estilo de cómicos norteños que pueden llegar a tener una noche de gloria, así como estrellarse estrepitosamente en la siguiente. Porque el humor no dispone de una fórmula matemática infalible, y al final todo depende tanto del acierto del cómico como del sentido del humor del espectador.

En este país también somos muy de parodias, incluso de nosotros mismos, como si eso justificase las lamentables actuaciones que protagonizan algunos individuos mal llamados profesionales del humor que bajo mi punto de vista -y sentido del humor- nunca han tenido gracia. Hablo de personajes como Berto Romero, Dani Mateo, Ángel Martín, Ana Morgade, Paz Padilla, los gigantes y cabezudos de El Hormiguero con Pablo Motos a la cabeza y una interminable lista de cómicos mediocres cuyo último y lamentable exponente vergonzoso ocurrió durante la pasada gala de la LFP en la que la bochornosa actuación de Eva Hache dio más pena que otra cosa. Lo grave es que todos estos nombres viven de lo que hacen, y además viven muy bien, acomodados entre los algodones digitales que reciben de la masa. Una muchedumbre que se ríe con cualquier gilipollez que escucha del gracioso oficial de turno.

Afortunadamente, en cada generación de cómicos ha habido exponentes sobresalientes. Tip y Coll, Miguel Gila y Enrique San Francisco son ejemplos de los que enorgullecerse en una profesión en la que hasta podríamos incluir a Berlanga si ampliamos un poco la mirada al verdadero humor de calidad, que no es otro que el que nos hace reír desde la más absoluta de las ironías. Ayer por la noche, otro cómico hizo su parada navideña habitual en TVE. Habiendo dejado atrás el recuerdo de Cruz y Raya, José Mota hizo la crítica más incisiva posible a una profesión que en España zozobra de vulgaridad. El bueno de Mota, un genio del humor castizo, añejo, pueblerino y también del absurdo, desde su atalaya de Alcafrán y enfundado en alguna que otra vaguedad asumible en tanto que nadie es perfecto, le dio una bofetada a toda la retahíla de farsantes que viven del cuento en España haciendo reír solo a aquéllos cuyo sentido del humor es equiparable al de una castaña. Su sketch del anuncio de la Lotería de Navidad de 2014 es desde ya una obra obra maestra del humor de este país. Y lo mejor de todo es que a muchos de los que critica con él se habrán reído mientras lo veían.

El audio no es el mejor, pero aún no hay otra versión colgada en YouTube. Original de TVE a la Carta pinchando AQUÍ.

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