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Más vale lo bueno por conocer…

Una persona cualquiera, sin rostro definido, dice adiós. Ase el trolley haciendo añejo el refrán carretera y manta, y se dispone a huir. Porque de su tierra ha de huir como un grumete servil en un barco que zozobra con la quilla partida en dos. La naturaleza de los tiempos es implacable y el oleaje peligroso. Pudieran llamarla cobarde, pero no está de más recordar que a William Wallace se lo ventilaron de todas formas. Y tampoco convendría olvidar que el bueno de Wallace luchaba por algo a lo que amaba. Muchas de estas personas abandonan sumidas en el desamor patrio y el antichovinismo. Seguir leyendo Más vale lo bueno por conocer…

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Solo el azar

No recuerdo un tiempo en el que España pareciese un país justo, sin embargo sí encuentro en mi memoria pasajes de un tiempo en el que, al menos, el ingobernable azar no quebrantaba la vida de los desgraciados. Al revés, precisamente a los más inútiles también les sonreía la suerte. Como a través del aliento y la palma del calvo de la fortuna, en esta caverna transpirenaica las vidas discurrían relativamente tranquilas para quienes cavaban con esfuerzo un agujero lo suficientemente profundo durante su juventud. También para los vagos y algún que otro maleante, como ya dije, pero definitivamente sí para los merecedores. Esto ha cambiado. Seguir leyendo Solo el azar

El futuro murió ayer

El futuro murió ayer. Lo vislumbré cuando levanté la cabeza por primera vez en un pupitre el cual olvidé hace mucho tiempo y pensé que el final estaba aún muy lejos. No me despedí de él porque creí poder conocerlo algún día. Quizá fui osado. Entendía el final como una meta onírica a partir de la cual, en una especie de rito de iniciación ancestral, se salta a un nuevo nivel en la estructura social. Un mundo mejor. Seguir leyendo El futuro murió ayer

El progreso

Pulsas el botón de calentado rápido y esperas un par de minutos. Tu industrializada, desnaturalizada y apetitosa ración de arroz thai estará lista para protagonizar tu almuerzo. En tu balcón con vistas al mar de acero, bajo tus pies, oyes la voz de alguien que pide un taxi. Saboreas la amalgama de saborizantes sin recordar qué comiste ayer ni preocuparte por lo que cenarás horas más tarde. No importa, el frescor hediondo que te rodea calma tu piel y tu seso. Una gratificación constante. Seguir leyendo El progreso

Los prescindibles

Que el periodista, o al menos el verdadero periodismo, es un eslabón más que prescindible en la estructura social y laboral de nuestro mundo es algo que de tanto oír uno acaba interiorizando como una falacia inamovible. Aunque falacia al fin y al cabo. Pero lo que acaba por sorprender a los incautos ilusos de la pluma y la comunicación humanística es que no son los únicos damnificados por la visión tecnocrática hacia la que se encamina el sistema. Seguir leyendo Los prescindibles

El cerdo que se atrevió a soñar

“Aquellas escenas de terror y matanza no eran lo que ellos soñaron aquella noche cuando el Viejo Mayor, por primera vez, los incitó a rebelarse.” – Rebelión en la granja

La fábula distópica de la fábula satírica es la ensoñación más indeseable de todas. Porque generalmente procede de raíces tangibles en el mundo que respiramos al tiempo de imaginarla. Ahora imaginad un cerdo cualquiera. Un cerdo alejado del canon orwelliano de despotismo animal; un cerdo reimaginado como miembro de la multitud. Sin poder dentro de una granja de calima gris. Soñador.

Este cerdo creció oyendo a sus contemporáneos hacer uso de la innegablemente rica y vasta naturaleza del refranero de su comarca. ‘Engordar para morir’, decían. Nunca lo entendió del todo. Ahora, consciente, decidió oponerse. Una circunstancia que se torna inminente y en la que como cerdo se ve sobrepasado por el hecho de tener que luchar contra sus enemigos y contra sí mismo. Enemigos incorpóreos ante los que es complicado embestir. Seguir leyendo El cerdo que se atrevió a soñar